Meditación #14 Desechando Yos
Siempre me han fascinado los exo-esqueletos, bien sean los
cuerpos huecos de las cigarras o las pieles resecas de las serpientes que solía
encontrar a menudo en el Amazonas o en los pantanos de Louisiana, o mis amados
caracoles que atesoraba al lado del mar. Frecuentemente, he reflexionado al
pasar el tiempo y regalar la ropa, los zapatos y los juguetes de que mis hijos
desechaban al crecer, que estos elementos también parecían ser armaduras
abandonadas, exigiendo ser remplazadas por nuevos sustitutos que acomodasen los
cuerpos crecientes de todo tipo de criaturas. La naturaleza parece adaptarse y
transformarse fácilmente al generar un cuerpo más grande o aún un nuevo ser
para permitir que el desarrollo y el crecimiento continúen. ¿Cuáles serán
entonces las señales que avisan cuando es inminente la necesidad de un nuevo
espíritu, un corazón más grande o un estado elevado del ser cuando la vida
parece llegar a una nueva etapa de existencia?
En esta meditación en particular se nos invita a reflexionar
sobre las muchas oportunidades en la vida en la que tanto añoramos pertenecer a
un grupo, perdernos en el colectivo y sentirnos como una parte crucial y
valorada del rompecabezas. En la infancia, este deseo se hace más poderoso aún a
medida que la transición del hogar hacia la escuela nos permite observar cómo
se visten, juegan, hablan y se comportan los demás. Nuestras identidades, aún
inmaduras y ansiosas se preocupan por complacer y ser aceptados, sin importar
el costo o el sacrificio requeridos. ¿Cuántas veces sufrimos por ser el últimos
en ser elegido para un equipo o el único que no fue invitado a una fiesta o a
participar de un simple juego, o talvez nos atormentaba no tener el estilo
adecuado de ropa? ¿Cuántas veces un gesto amable o una sola palabra lograron
rescatar el día, y abrieron un rinconcito por donde pudimos ser parte del grupo
y sentirnos incluídos. El anhelo de pertenecer y ser valorado es supremamente
intenso y si nunca se comprende y racionaliza, puede contribuír a obsesionarnos
por ser parte de la masa, cueste lo que cueste y nos puede hacer sentir que
necesitamos poseer todo tipo de objetos para lograr sentirnos valiosos y
aceptados.
¿Qué tan frecuentemente podemos captar que en aquellas
ocasiones que nos atrevemos a seguir nuestro corazón y tomamos decisiones
basadas en nuestros gustos y preferencias, este acto simple nos revela detalles
fascinantes acerca de quién somos. ¿Hemos desarrollado suficientes certezas
acerca de nuestras identidades para que nuestros exo-esqueletos no tengan que
corresponder al de la colectividad para que nos sintamos cómodos? Podemos
desafiar la poderosa atracción de la uniformidad para arriesgarnos a ser
diferentes y prescindir de las máscaras que esconden nuestros verdaderos Yos?
¿Podemos recordar con un corazón agradecido a quienes nos aceptaron y nos
ayudaron a aprender a confiar en nosotros mismos para lograr pertenecer?
En tantas ocasiones, es tan sólo nuestra actitud la que puede
ser un facilitador o un bloqueo
que afecta el comportamiento de todos aquellos que nos rodean, bien sea
que los animemos a sentirse libres de ser y revelar quienes son con sinceridad,
o si permanentemente portamos la espada del juicio y el escudo de la crítica.
¿Podemos soltar nuestros miedos y actuar con tal espontaneidad y autenticidad
genuina que inspiremos a otros a confiar en su propio Ser, y atreverse a ser
excelentes en la única tarea que se nos exige perfección: ser nosotros mismos,
y tener la disposición de mutar nuestros Yos a medida que el flujo eterno de
sorpresas que nos tiene reservada la vida se desenvuelva.
Con Amor,
Lina.
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