Meditación #13 El Regalo de un Hogar
Me ha tomado tanto tiempo enfocarme y sentarme a escribir esta meditación, y tan sólo puedo culpar a la avalancha de sentimientos que ha precipitado. La palabras que la introducen son:
Permite que tu corazón sea sincero.
Permanece sólido.
No te derrumbes cuando el desastre aceche.
Intenté escribir la semana pasada en mi camino a casa, en el aeropuerto de Panam
á, cuando tenía el corazón dividido entre los amores que dejaba en mi tierra natal y aquellos que me extrañaban con locura y no podían esperar más por mi regreso. Observaba con preocupación cómo miles de personas veían sus hogares sumergidos y cómo las certezas de sus rutinas se veían hechas trizas por una tormenta monstruosa, y así comenzó mi semana del descifrar lo que significa la palabra Hogar. La meditación nos invita a mirar atrás, cuando dejamos la seguridad de nuestra casa por primera vez para ir a la escuela, un ambiente con reglas diferentes, abundaban los adultos que desconocíamos y nos rodeaban otros pequeños que enfrentaban esa nueva situación de tantas maneras diversas.
Para mí, esta imagen inmediatamente me significó lo que he estado viviendo con mi hija, quien acaba de irse para ir a la escuela, esta vez muy lejos de casa, y aún no logra acostumbrarse a su nostalgia por su hogar. Sin embargo, observé cómo, al regresar a visitarnos y compartir con sus amigos, y aún su familia, a quien tanto extraña, y sentirse igualmente fuera de lugar aquí. El hogar es una idea tan abstracta, pero le asignamos su peso a objetos concretos. Ser un inmigrante te permite vivir en carne propia el hecho de que el hogar puede ser un lugar dividido en tu corazón, la tierra donde abandonas tus raíces amadas, pero también puede re-crearse en el nuevo lugar que has elegido para cosechar nuevas ilusiones y esperanzas. Paulatinamente, a medida que el flujo incesante de la vida nos desarraiga y hasta nos puede despojar de todo cuanto amamos, comprendemos que el hogar se refiere más a un conjunto de emociones de seguridad, de comodidad, de familiaridad y pertenencia. Al ver las víctimas de la tormenta Sandy amenazadas de nuevo, me imagino cómo la falta de los servicios más elementales, afecta severamente su identidad y su convicción de no ser tenidos en cuenta ni valorados. Tan sólo me es posible implorar que el sufrimiento no se multiplique aún más, y procesar cuán frágiles son nuestras certezas, a pesar de parecer tan sólidas e imponentes.
La naturaleza tiene una manera implacable de erradicar nuestra arrogancia, y la lección contenida en la tragedia es la necesidad urgente de apreciar y valorar cada pequeño regalo que nuestra cotidianidad nos ofrece y nos desafía a desarrollar flexibilidad y sobre todo, una permanente actitud de gratitud por los milagros que nos rodean.
Con Amor,
Lina.
Para mí, esta imagen inmediatamente me significó lo que he estado viviendo con mi hija, quien acaba de irse para ir a la escuela, esta vez muy lejos de casa, y aún no logra acostumbrarse a su nostalgia por su hogar. Sin embargo, observé cómo, al regresar a visitarnos y compartir con sus amigos, y aún su familia, a quien tanto extraña, y sentirse igualmente fuera de lugar aquí. El hogar es una idea tan abstracta, pero le asignamos su peso a objetos concretos. Ser un inmigrante te permite vivir en carne propia el hecho de que el hogar puede ser un lugar dividido en tu corazón, la tierra donde abandonas tus raíces amadas, pero también puede re-crearse en el nuevo lugar que has elegido para cosechar nuevas ilusiones y esperanzas. Paulatinamente, a medida que el flujo incesante de la vida nos desarraiga y hasta nos puede despojar de todo cuanto amamos, comprendemos que el hogar se refiere más a un conjunto de emociones de seguridad, de comodidad, de familiaridad y pertenencia. Al ver las víctimas de la tormenta Sandy amenazadas de nuevo, me imagino cómo la falta de los servicios más elementales, afecta severamente su identidad y su convicción de no ser tenidos en cuenta ni valorados. Tan sólo me es posible implorar que el sufrimiento no se multiplique aún más, y procesar cuán frágiles son nuestras certezas, a pesar de parecer tan sólidas e imponentes.
La naturaleza tiene una manera implacable de erradicar nuestra arrogancia, y la lección contenida en la tragedia es la necesidad urgente de apreciar y valorar cada pequeño regalo que nuestra cotidianidad nos ofrece y nos desafía a desarrollar flexibilidad y sobre todo, una permanente actitud de gratitud por los milagros que nos rodean.
Con Amor,
Lina.
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