Monday, October 1, 2012

Meditación #9 La Riqueza que habita en la Carencia


Meditación #9 La Riqueza que habita en la Carencia


La semana pasada nos sumergimos en el río de nuestras lágrimas, y ahora pasamos a empaparnos del gozo contenido en nuestros corazones de niños. Eramos tan frescos como capullos de rosa. Nos mantenían abiertos la expectativa, el permanente asombro y una actitud de sentidos alertas hacia la vida y el mundo.
Ayer, al estar remando en mi kayak, me recordó esta emoción intensa un bebé que me saludó con entusiasmo al verme. Había estado navegando por más de una hora y mucha gente me había visto desde la ribera del río, pero nadie había gritado de alegría al verme, tan sólo un bebé pudo haber reaccionado así.
Me hizo recordar cuán confundida me había sentido al llegar a este país, y persistir en sonreír y saludar al encontrarme con otros caminantes o corredores. Me ofuscaba ver que muchos no me correspondían el saludo, o parecían ofendidos, pero hoy en día me he acostumbrado y rara vez saludo a quienes encuentro a mi paso. Pero ver la felicidad espontánea de ese bebé me comprobó la sabiduría de los pequeños, la sed de vida y la entrega a cada nueva experiencia que hace que los bebés se estremezcan y miren asombrados con cada nuevo primer descubrimiento…
Que pérdida terrible resulta atrofiar la voluntad de buscar conexión, de hacer el esfuerzo por conocer otro ser humano. Nacemos con un deseo intenso de mirar el rostro de otro ser, perdernos en las facciones de ese otro y conectar con sus ojos para explorar su humanidad. Traemos galones de deseo, de interés, de voluntad, de curiosidad y de hambre y luego la vida le resta lustre a ese arco iris de intenciones. Entre nuestra carencia de distracciones, objetos y preocupaciones en nuestra vida temprana, éramos ricos en la intensidad de sentirnos vivos.
Miremos atrás, a ese tiempo previo a los miedos, a las dudas, y el condicionamiento de las normas sociales que restringieron nuestras reacciones naturales al júbilo de estar Vivos.
Ser humanos en plenitud de experiencia es nuestra verdadera inclinación vocacional. Frecuentemente he encontrado esta espontaneidad de Ser en quienes parecen tener muy poco en cuanto a bienes materiales, especialmente en las Comunidades Indígenas del Amazonas.  A pesar de no tener acceso a tecnologías y conveniencias y comodidades como las nuestras, tienen el lujo que permite tan sólo la totalidad de presencia, de comunidad y de entrega total al momento. Ellos viven completamente comprometidos con su experiencia del ya, del ahora: como infantes.
El mundo se había estado desenvolviendo por siglos antes de que llegáramos aquí, y seguirá girando sin nosotros cuando cese nuestra existencia terrenal, pero esta vida que se nos ha ofrecido es nuestra oportunidad para sacarle el jugo a las frutas pertinentes a esta existencia humana. Te desafío a vivir cada día como un bebé, desempacándolo como un regalo precioso, agotando las posibilidades de existencia y con la conciencia de que al enfocarte en esa riqueza del vivir, te desharás del miedo a la muerte y encontrarás la llave maestra de la verdadera riqueza: una vida sin remordimientos.
Con amor,
Lina.

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