Meditación #9 La Riqueza que habita en la Carencia
La semana pasada nos sumergimos en el río de nuestras
lágrimas, y ahora pasamos a empaparnos del gozo contenido en nuestros corazones
de niños. Eramos tan frescos como capullos de rosa. Nos mantenían abiertos la
expectativa, el permanente asombro y una actitud de sentidos alertas hacia la
vida y el mundo.
Ayer, al estar remando en mi kayak, me recordó esta emoción
intensa un bebé que me saludó con entusiasmo al verme. Había estado navegando
por más de una hora y mucha gente me había visto desde la ribera del río, pero
nadie había gritado de alegría al verme, tan sólo un bebé pudo haber
reaccionado así.
Me hizo recordar cuán confundida me había sentido al llegar
a este país, y persistir en sonreír y saludar al encontrarme con otros
caminantes o corredores. Me ofuscaba ver que muchos no me correspondían el
saludo, o parecían ofendidos, pero hoy en día me he acostumbrado y rara vez
saludo a quienes encuentro a mi paso. Pero ver la felicidad espontánea de ese
bebé me comprobó la sabiduría de los pequeños, la sed de vida y la entrega a
cada nueva experiencia que hace que los bebés se estremezcan y miren asombrados
con cada nuevo primer descubrimiento…
Que pérdida terrible resulta atrofiar la voluntad de buscar
conexión, de hacer el esfuerzo por conocer otro ser humano. Nacemos con un
deseo intenso de mirar el rostro de otro ser, perdernos en las facciones de ese
otro y conectar con sus ojos para explorar su humanidad. Traemos galones de
deseo, de interés, de voluntad, de curiosidad y de hambre y luego la vida le
resta lustre a ese arco iris de intenciones. Entre nuestra carencia de
distracciones, objetos y preocupaciones en nuestra vida temprana, éramos ricos
en la intensidad de sentirnos vivos.
Miremos atrás, a ese tiempo previo a los miedos, a las
dudas, y el condicionamiento de las normas sociales que restringieron nuestras
reacciones naturales al júbilo de estar Vivos.
Ser humanos en plenitud de experiencia es nuestra verdadera
inclinación vocacional. Frecuentemente he encontrado esta espontaneidad de Ser
en quienes parecen tener muy poco en cuanto a bienes materiales, especialmente
en las Comunidades Indígenas del Amazonas. A pesar de no tener acceso a tecnologías y conveniencias y
comodidades como las nuestras, tienen el lujo que permite tan sólo la totalidad
de presencia, de comunidad y de entrega total al momento. Ellos viven
completamente comprometidos con su experiencia del ya, del ahora: como
infantes.
El mundo se había estado desenvolviendo por siglos antes de
que llegáramos aquí, y seguirá girando sin nosotros cuando cese nuestra
existencia terrenal, pero esta vida que se nos ha ofrecido es nuestra
oportunidad para sacarle el jugo a las frutas pertinentes a esta existencia
humana. Te desafío a vivir cada día como un bebé, desempacándolo como un regalo
precioso, agotando las posibilidades de existencia y con la conciencia de que
al enfocarte en esa riqueza del vivir, te desharás del miedo a la muerte y
encontrarás la llave maestra de la verdadera riqueza: una vida sin
remordimientos.
Con amor,
Lina.
Lina.

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