Meditación #8 Deslizarnos en el Río de Nuestras Lágrimas
Desperté para encontrar un pajarito ahogado en nuestra
piscina hoy. Era una metáfora poderosa para esta invitación que estaba evitando
a sumergirnos en el río de nuestras lágrimas. Se nos insta a reflexionar sobre
las lágrimas que derramamos como bebés y las que dudamos en dejar fluir como
adultos. Me pareció particularmente irónico que el pajarito que encontré
hubiese muerto, ahogado precisamente por el elemento que tanto ansiaba. hubiese muerto, ahogado precisamente
por el elemento que tanto ansiaba.
Yo también me he sentido ahogada en dolor líquido esta
semana. Hubo una muerte en nuestra comunidad y a pesar de que no conocía al
joven que murió, mis palabras resultaron siendo convocadas para ser parte del
proceso de sanación y me doblegué al saberme utilizada como instrumento para
clarificar el mensaje de esperanza y amor que este joven había plantado en
tantas vidas. Al mismo tiempo, estaba consciente del dolor que mi propia hija
estaba sintiendo, siendo precisamente de la misma edad de este joven a quien
estaban llorando, al enfrentar una nueva etapa de su vida, sola y tan lejos. Mi
madre también ha estado llorando lágrimas de dolor y desesperación y he
navegado sus sentimientos de impotencia con ella. Una de mis mejores amigas se
ha embarcado en un curso de estudios superiores que le exige escribir y leer en
Inglés perfectamente y se siente incapaz e insegura, haciéndola llorar de
frustración. Incluso tuve la oportunidad de ser la enfermera de mi marido a
medida que se recuperaba de una pequeña cirugía, y a pesar de que no lo vi
llorar una sola lágrima, sí se rindió a la humildad y la resignación que me
permitió servirle mientras su cuerpo se recuperaba.
Cuando éramos bebitos, fuimos poderosos a través de nuestras
lágrimas. Ellas nos permitían expresar hambre, incomodidad, exasperación o
cansancio extremo, y eran nuestro derecho, nuestra herramienta para lograr
nuestros propósitos, y las utilizábamos sin dudar. Cuándo se convirtió nuestro
llanto en una fuente de vergüenza, culpa o debilidad? Bien sea que nuestras
necesidades hayan sido ignoradas o atendidas, nuestras lágrimas eran una
poderosa manera de expresarnos y una bendición, y podemos reclamar ese sentido
para nuestro llanto aún hoy.
Me sumergí con anhelo en el río de lágrimas que me rodeó
esta semana. Lloré mis propias lágrimas, acompañé las ajenas, escuché y permití
que mi corazón habitara ese flujo de sanación. Disolví mis propios miedos y
dolor al unirme a la tristeza de otros y solté la ilusión de control y así
redescubrí el hilo de Unidad que nos ata en nuestra humanidad compartida.
Las lágrimas son lluvia que bendice y nos permite
evolucionar y fertilizar los frutos del mañana. Los ritos de pasaje en la vida
frecuentemente nos exigent sentir dolor hoy para poder regocijarnos luego en la
evolución que el próximo capítulo revelará a medida que las etapas maduran.
Salta en el río de tus lágrimas sin reserva, miedo o duda. El río de nuestras lágrimas
nos llevará, eventualmente, al océano de la empatía y la serenidad.
Con amor,
Lina.
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