La Muerte Cotidiana, Meditación
#21
Anoche morí un poco. Se ha vuelto
habitual, y en la escasa madurez que he adquirido a los 43 años, se ha tejido
apretadamente con mis rituales diarios de estar viva, recordándome mantener mi
corazón abierto, la sensibilidad alerta, el amor a flor de piel… morir un poco
cada día de manera que esté plenamente viva. Y ésta última muerte me permitió
preguntarme si sería eso lo que los críticos llaman los períodos azules o
grises en las vidas de los artistas. Esta muerte reciente me oprimió el pecho
con desesperación cuando logré amasar todo mi coraje para finalizar un artículo
que comencé a leer tres meses atrás, llamado Marfil de Sangre (Nat Geo Mag, Oct
2012). Me provocó poder presionar control, alt, delete y recomenzar la relación
de nuestra civilización con el misterio de lo divino y nuestras expresiones de
fe. ¿Cómo puede constituir la destrucción del regalo de la vida del más gentil
de los gigantes, uno de mis amados elefantes, tan sólo para robarle sus
colmillos, para tallar objetos inanimados, una manera de honrar a Dios? Es un
crimen realizado por Católicos y Budistas, Hindúes y ateos, pero me es
imposible entender la completa falta de sentido común con la cual se justifica
este crimen; escondiéndose detrás de racionalizaciones de poder, codicia,
necesidad y aún más aterrador; fe.
Mis deseos de ser voz, protestar,
rebelarme, educar, informar, me rescataron del agujero profundo de mi ira. Me
comprometo a utilizar la palabra escrita y oral, mi corazón, mi arte, mi pasión
para crear gotas de sensibilidad y claridad que puedan unirse a otras y crear
un río de razón que ilumine nuestros comportamientos. Las palabras de Richard
Feynman me sostuvieron la mano al regresar a enfrentar un nuevo día: “De manera
que generemos progreso, debemos dejar la puerta hacia lo desconocido
entreabierta. Estamos tan sólo al comienzo del desarrollo de la raza humana.”
Y tal como esta foto parece
susurrar en mi corazón, siempre hay esperanza, mientras sigando haciendo su
entrada triunfal a este mundo pequeños elefantes y criaturas de todo tipo, hay
la posibilidad de que logremos descifrar el enigma, talvez mañana…
Con Amor, Lina
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