Meditación #18 “Todo Está Bien, Tú eres Amado”
En la Meditación anterior reflexionamos acerca de los
dolores del crecimiento y la exhuberancia intensa de la adolescencia. En esta
ocasión, y en español casi dos semanas después, debido a la prioridad absoluta
que la familia tiene en estas épocas, regreso con esta propuesta de pensar
sobre la presencia de Dios en tu vida.
¿Cómo ha manifestado su poder al transcurrir tus días?
Para mí, existe una imagen que siempre me recuerda un
momento especial en el que necesité desesperadamente sentir una Presencia
Amorosa que me reconfortara. Tenía dieciocho años en ese entonces y había
dejado atrás mi casa, había volado lejísimos en busca de un mejor futuro y
estaba sentada en un bus, cruzando el paisaje congelado y desolado de Salt Lake
City. Me sentía tan sola y perdida. Había una madre que viajaba con su pequeña
hija, y me llamaron la atención porque la niña tenía una melena intensamente
negra, brillante y crespa, muy parecida a la mía. La madre sacó una peinilla de
su bolso y comenzó el ritual sagrado de desenredar aquella maraña con
delicadeza. Cuidadosamente dibujó el partido para dividir el cabello en dos
manojos gruesos y lentamente los tejió, creando trenzas que decoró con lana
roja. Me parecía estar reviviendo una escena de mi infancia, y recordé las
manos de mi propia Madre, cepillándome y lloré sin vergüenza. Irónicamente,
después de mi desahogo, me sentí reconfortada, más tranquila y sostenida en la
certeza de que yo también había sido amada. Ese pensamiento se me ofreció como
un escudo, una armadura que la vida, en toda su ferocidad, no podía penetrar.
Los textos sagrados y la teología ofrecen algunas imágenes
preciosas de Dios, y talvez una de ellas se acomode más a tu visión de la
deidad. Dentro de mis predilectas, la que sigue a la imagen de una madre
amorosa es la de un águila majestuosa enseñándole al aguilucho a volar, o más
bien como leí ocurre en realidad, empujándolo fuera del nido para que él
entienda que tiene todo lo que necesita para volar. Otras opciones incluyen a
Dios, el Buen Pastor, o la Oveja humilde, un rey, un guerrero de la verdad, un
rayo de luz atravesando las nubes (otro de mis favoritos), un espíritu feroz
que consume un arbusto con fuego, un tejedor veterano que diseña la telaraña de
la vida, un amigo que conoce aún el más pequeño de los cabellos en nuestra
cabeza, un amigo fiel que nos lava los pies, o una persona como tú y yo, que amó tanto que logró separar
la historia en dos.
¿Cuál es tu visión de la Deidad, la presencia que reconforta,
que brilla desde tu interior y te recuerda que todo está bien, que eres amado,
una y otra vez?
¿Puede encontrar refugio en tu corazón y volver a nacer una
vez más, revelando tu propia Natividad?
Con mucho Amor y Luz, deseándote un renacimiento en este
Nuevo Año,
Lina.
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