Saturday, January 5, 2013

Meditación #18 “Todo Está Bien, Tú eres Amado”




Meditación #18 “Todo Está Bien, Tú eres Amado”

En la Meditación anterior reflexionamos acerca de los dolores del crecimiento y la exhuberancia intensa de la adolescencia. En esta ocasión, y en español casi dos semanas después, debido a la prioridad absoluta que la familia tiene en estas épocas, regreso con esta propuesta de pensar sobre la presencia de Dios en tu vida.
¿Cómo ha manifestado su poder al transcurrir tus días?
Para mí, existe una imagen que siempre me recuerda un momento especial en el que necesité desesperadamente sentir una Presencia Amorosa que me reconfortara. Tenía dieciocho años en ese entonces y había dejado atrás mi casa, había volado lejísimos en busca de un mejor futuro y estaba sentada en un bus, cruzando el paisaje congelado y desolado de Salt Lake City. Me sentía tan sola y perdida. Había una madre que viajaba con su pequeña hija, y me llamaron la atención porque la niña tenía una melena intensamente negra, brillante y crespa, muy parecida a la mía. La madre sacó una peinilla de su bolso y comenzó el ritual sagrado de desenredar aquella maraña con delicadeza. Cuidadosamente dibujó el partido para dividir el cabello en dos manojos gruesos y lentamente los tejió, creando trenzas que decoró con lana roja. Me parecía estar reviviendo una escena de mi infancia, y recordé las manos de mi propia Madre, cepillándome y lloré sin vergüenza. Irónicamente, después de mi desahogo, me sentí reconfortada, más tranquila y sostenida en la certeza de que yo también había sido amada. Ese pensamiento se me ofreció como un escudo, una armadura que la vida, en toda su ferocidad, no podía penetrar.
Los textos sagrados y la teología ofrecen algunas imágenes preciosas de Dios, y talvez una de ellas se acomode más a tu visión de la deidad. Dentro de mis predilectas, la que sigue a la imagen de una madre amorosa es la de un águila majestuosa enseñándole al aguilucho a volar, o más bien como leí ocurre en realidad, empujándolo fuera del nido para que él entienda que tiene todo lo que necesita para volar. Otras opciones incluyen a Dios, el Buen Pastor, o la Oveja humilde, un rey, un guerrero de la verdad, un rayo de luz atravesando las nubes (otro de mis favoritos), un espíritu feroz que consume un arbusto con fuego, un tejedor veterano que diseña la telaraña de la vida, un amigo que conoce aún el más pequeño de los cabellos en nuestra cabeza, un amigo fiel que nos lava los pies,  o una persona como tú y yo, que amó tanto que logró separar la historia en dos.
¿Cuál es tu visión de la Deidad, la presencia que reconforta, que brilla desde tu interior y te recuerda que todo está bien, que eres amado, una y otra vez?
¿Puede encontrar refugio en tu corazón y volver a nacer una vez más, revelando tu propia Natividad?
Con mucho Amor y Luz, deseándote un renacimiento en este Nuevo Año,
Lina.

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