Monday, December 10, 2012

Meditación #17 Dolores del Crecimiento








Meditación #17 Dolores del Crecimiento

Nos despedimos dos semanas atrás, con el despertar de nuestras identidades sexuales y muy acertadamente, la semana pasada mi vida se re-organizó para ayudarle a una amiga cercana y decidí posponer este escrito hasta que hubiese cruzado el puente sobre aguas turbulentas, sabiendo que con certeza había algo en mis experiencias que alimentaría mis palabras. Hoy, al leer un artículo en la nueva revista de National Geographic, recordé mi labor con estas palabras: "Las Sequoias Gigantes son gigantes porque son muy, muy viejas. Son tan viejas porque han sobrevivido todas las amenazas que las pudieron haber matado."
Bueno, pues nosotros también hemos sobrevivido, pero los dolores del crecimiento parecen nunca abandonarnos. Recuerdo haber leído con asombro que los "terribles dos años" se identifican, según algunos sicólogos, como la primera adolescencia. El niño ya no se siente tan dependiente de Mamá y Papá y siente la necesidad de afirmar su individualidad, frecuentemente con pataletas y drama de alto calibre.
Luego llega la muy acertadamente llamada Adolescencia: algo duele profundamente en el alma, ya no somos niños sin duda, pero nos ahogamos desesperadamente entre pensamientos profundos y el flujo de hormonas y presiones de nuestros iguales que tan sólo parecen empeorar la situación.
Pero además, durante esta etapa, también existía una emoción, una expectativa, curiosidad, un deseo inextinguible por emociones intensas, aventuras, descubrimiento y el gusto ansioso por lo que aún podía desenvolverse en nuestras vidas. Esto es lo que más recuerdo de mis años de adolescente y lo quisiera reclamar hoy. Ese destello de la novedad de la vida, del movimiento, del gusto, del tacto, de la visión, del aroma. Recuerdo el gozo de ir sola a cine o de un paseo en bus a solas o con mi hermana, y decidir conscientemente que ese no sería tan sólo otro viaje en Circular Sur, era una aventura, llena a más no poder de posibilidades, de gente por conocer, lugares por recorrer, experiencias por vivir, y recuerdo sentir cuán afortunada era de poder estar allí, dispuesta a beber toda esa vida, sedientamente. Esta misma sed de cambio me inspiró a abandonar mi país, a la madura edad de dieciocho años, sola, en la búsqueda de mi destino, empacando la duda y el miedo en una cajita sin llave, y volando alto con mis alas nuevas y fuertes. Miro a la Lina de cuarenta y tres años en el espejo y busco en ella al pajarito que abandonó el nido y logró encontrar, de alguna manera, una corriente de aire caliente que la sostuvo.
Asómate conmigo al espejo del tiempo y re-encuéntrate con tu ser adolescente; abastécete del ímpetu del corazón y el alma jóvenes y libres, y atrévete a saltar una vez más en tu vida, con el vigor y las ventajas que tan sólo la experiencia, las heridas y el tiempo pueden otorgar. Si no me crees, anímate a aprender más sobre las Sequoias Gigantes, las Enormes Maestras de la supervivencia.
Con Amor y Gusto,
Lina.


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