Meditación #11 Negligencias
Es increíble lo que he vivido este fin de semana, una
montaña rusa de emociones… Mi madre tuvo una cirugía muy delicada y desde lejos
me parecía estar sosteniendo el mundo sobre los hombros, queriendo soltarlo
como péndulo, pero sin la certeza de que así lograría respirar con menos
dificultad. No había ni pensado en la meditación, para ser sincera, y cuando vi
su título: Negligencias, de nuevo la perfección del Plan Divino me pone de
rodillas…
Hoy mi madre no ha tenido un buen día, aún no ha podido
comer y entró en falla renal, y gracias a la cólera que mi hermana, con todo derecho expresó, descubrimos que un
grupo de cinco especialistas nunca logró predecir que tras la operación se necesitaría
que en su historia clínica hubiese una lista de medicamentos que necesitaría a
diario, y peor aún, que una droga que no se puede suspender súbitamente se
detuvo sin prever los efectos secundarios de tal irresponsabilidad: en resumen,
negligencias costosísimas…
Negligencias médicas, tan peligrosas y letales como las
negligencias que nos invita a contemplar la meditación de esta semana. Nos
remite al tiempo en que éramos indefensos, y por carencia de recursos o
atención de quienes nos cuidaban, sentimos frío, hambre, incomodidad, soledad o
dolor, y talvez nuestros sentimientos de carencias que nos asaltan como adultos
se remitan a esas negligencias que sentimos siendo pequeños.
El llamado es a perdonar aquellos olvidos, aplicando el bálsamo
de la aceptación sobre aquellas viejas heridas y utilizando ese dolor para ser
más comprensivos con quienes viven negligencias en sus vidas; frecuentemente
mucho más severas y perjudiciales que las que nosotros hemos vivido. Curar
estos antiguos dolores y en concreto, este sentimiento de insuficiencia, nos
permitirá reflexionar sobre la bendición de los recursos que tenemos hoy en día
para suplir nuestras necesidades o comunicar de forma efectiva y clara cuando
sintamos que nuestros derechos, necesidades o emociones no se están teniendo en
cuenta.
Llena de agradecimiento contemplo la situación en la que mi
hermana pudo ser un agente de alarma y logró desencadenar el comienzo de una
solución. Aún desconozco el desenlace de este capítulo difícil de mi vida, pero
espero aprender humildad al tener que depender de otros para sortear esta
dificultad, empatía con quienes a diario se sienten ignorados en una u otra forma,
y la convicción de que en cada momento de frío, hambre o dolor, crecemos en
nuestra humanidad y aprendemos a alimentarnos de un maná que brota de nuestro
propio corazón al soltar y darnos cuenta que en realidad no somos nosotros
quienes hacemos que el mundo gire, ni lo llevamos sobre los hombros.
Con amor y humildad,
Lina.
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