Monday, October 15, 2012

Meditación #11 Negligencias


Meditación #11 Negligencias

Es increíble lo que he vivido este fin de semana, una montaña rusa de emociones… Mi madre tuvo una cirugía muy delicada y desde lejos me parecía estar sosteniendo el mundo sobre los hombros, queriendo soltarlo como péndulo, pero sin la certeza de que así lograría respirar con menos dificultad. No había ni pensado en la meditación, para ser sincera, y cuando vi su título: Negligencias, de nuevo la perfección del Plan Divino me pone de rodillas…
Hoy mi madre no ha tenido un buen día, aún no ha podido comer y entró en falla renal, y gracias a la cólera  que mi hermana, con todo derecho expresó, descubrimos que un grupo de cinco especialistas nunca logró predecir que tras la operación se necesitaría que en su historia clínica hubiese una lista de medicamentos que necesitaría a diario, y peor aún, que una droga que no se puede suspender súbitamente se detuvo sin prever los efectos secundarios de tal irresponsabilidad: en resumen, negligencias costosísimas…
Negligencias médicas, tan peligrosas y letales como las negligencias que nos invita a contemplar la meditación de esta semana. Nos remite al tiempo en que éramos indefensos, y por carencia de recursos o atención de quienes nos cuidaban, sentimos frío, hambre, incomodidad, soledad o dolor, y talvez nuestros sentimientos de carencias que nos asaltan como adultos se remitan a esas negligencias que sentimos siendo pequeños.
El llamado es a perdonar aquellos olvidos, aplicando el bálsamo de la aceptación sobre aquellas viejas heridas y utilizando ese dolor para ser más comprensivos con quienes viven negligencias en sus vidas; frecuentemente mucho más severas y perjudiciales que las que nosotros hemos vivido. Curar estos antiguos dolores y en concreto, este sentimiento de insuficiencia, nos permitirá reflexionar sobre la bendición de los recursos que tenemos hoy en día para suplir nuestras necesidades o comunicar de forma efectiva y clara cuando sintamos que nuestros derechos, necesidades o emociones no se están teniendo en cuenta.
Llena de agradecimiento contemplo la situación en la que mi hermana pudo ser un agente de alarma y logró desencadenar el comienzo de una solución. Aún desconozco el desenlace de este capítulo difícil de mi vida, pero espero aprender humildad al tener que depender de otros para sortear esta dificultad, empatía con quienes a diario se sienten ignorados en una u otra forma, y la convicción de que en cada momento de frío, hambre o dolor, crecemos en nuestra humanidad y aprendemos a alimentarnos de un maná que brota de nuestro propio corazón al soltar y darnos cuenta que en realidad no somos nosotros quienes hacemos que el mundo gire, ni lo llevamos sobre los hombros.  
Con amor y humildad,
Lina.

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