Monday, September 17, 2012

Meditación #7 El Poder de la Sumisión


Meditación #7 El Poder de la Sumisión

Cada vez que cargo un bebé, me enamoro.
Me seduce esa total entrega, esa sumisión a mi abrazo, el gesto confiado que busca mis dedos y se aferra fuertemente, buscando mis ojos para absorber mi alma a través de ese intercambio. Luego, el hechizo se completa cuando el destello de reconocimiento que genera el júbilo de explorar un rostro humano enciende la conex
ión inmediata.
Amo el aroma de un bebé, la sensación de luz y amor que se teje alrededor de ambos al fundirnos en el abrazo y luego el deleite si ese bebé me regala una risa! Tuve un momento de esos, sublime, esta semana, y me proporcionó cariño para todo el mes, y me permitió abrir los recuerdos de cómo me habré sentido al estar envuelta en unos brazos amorosos, mirando directamente a los ojos de quien me cuidaba y confiando en que este ser tan grande me sabría descifrar para alimentarme cuando sintiera hambre, aliviar mi incomodidad y se interesaría lo suficientemente en mí para explorar mi ser y decirme cuán amada era.
Podremos aún hallar dentro de nosotros mismos esa disponibilidad a someternos al cuidado de otro?
Seremos capaces de confiar en los demás y permitirles crecer por medio de su servicio, siendo nuestra compañía, nuestro apoyo, fuente de amor, risas, sabiduría o tan sólo presencia?
Es tan fácil dejarse atrapar por la ilusión de la auto-suficiencia, o la auto-crítica, y creer que todo el mundo nos está observando para detectar nuestras debilidades y deficiencias y rehusarnos a pedir ayuda, buscar apoyo y permitirles a los demás ser la fuente de lo que necesitamos. Es frecuente que digamos que "nos da pena", sentimos vergüenza de parecer vulnerables, incapaces o débiles. Pero, muy frecuentemente, lo que implica es que reconocemos que somos humanos e incompletos, y necesitamos las destrezas, la ayuda, la cooperación de un equipo o tal vez tan sólo un amigo que nos dé la mano y nos permita entender que en realidad es un gesto poderosamente humano el someterse y permitirle a otro alimentarnos, escucharnos, y sanarnos con su risa o su llanto y al servirnos y ayudarnos a abrir nuestros corazones de nuevo, recordaremos que en realidad, nunca hemos estado solos. Desde el comienzo, hemos sido sostenidos, a pesar de que somos falibles y creemos no ser merecedores de todo esta atención, es así como aprendemos a confiar en los demás y a vivir sin miedo, y optar por rodearnos de amor.

Con amor,
Lina.

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